El negocio de unos pocos pone en tela de juicio nuestro derecho al territorio y con él, nuestras vidas. Los efectos sociales, económicos y medioambientales que genera el sistema neoliberal en general y los procesos de gentrificación turística y acumulación/especulación de la propiedad en particular, tienen su respuesta directa en cuanto a una merma en las condiciones materiales de vida de la gente, siendo la vivienda la de mayor expresión, pero también unas ciudades inhabitables y unos pueblos inhabitados.
Desde Izquierda Unida impugnamos ese modelo – turistificación, gentrificación, acumulación especulativa de bienes y territorios de primera vs territorios de tercera- del que sólo se benefician los más ricos a los que gobiernos como el andaluz sólo hace ponerles alfombras rojas haciendo insostenible nuestras vidas.
Turistificación: los efectos de un modelo turístico insostenible
Los efectos directos que están teniendo en nuestras ciudades la turistificación sólo es la punta del iceberg de lo que siempre hemos analizado como la cara B del turismo. Un modelo de turismo, el actual, basado en la sobre-explotación del mismo que nada tiene que ver con un de Turismo Justo desde los puntos de vista económico -redistribución de la riqueza-, social -compatible con derechos como el de la vivienda o el de la ciudad/barrio-, medioambiental, adaptando la actividad económica a la realidad de emergencia climática y laboral, frente a la precariedad: derechos y salarios dignos, impugnatorio del actual modelo turístico insostenible e incompatible con la vida.
Efectos de la turistificación en el acceso de derechos fundamentales. La vivienda.
Hay datos que de una manera totalmente abrumadora ponen de manifiesto que la turistificación y en concreto la proliferación de las viviendas de uso turístico (VUT) -ante la que el Gobierno de la Junta de Andalucía se inhibe de actuar limitando su uso- tiene ningún tiene unos efectos directos en las condiciones materiales de vida de la gente expulsándolo de sus barrios y alejándolos del acceso a servicios fundamentales, principalmente el de la vivienda.
En la actualidad, hay ciudades con más del 20% de la oferta de alquiler para uso turístico, lo que eleva los precios de alquiler residencial a más de 1.500 €, por encima del salario medio en Andalucía. Unas consecuencias que sufren tanto quienes quieren seguir viviendo o vivir en las ciudades o aquellos que temporalmente necesitan por trabajo o estudio vivir en las capitales.
En definitiva, junto a la inacción en la articulación de políticas en materia de vivienda y la dejación en la proliferación de las viviendas de uso turístico se ponen en tela de juicio derechos fundamentales como el de la vivienda, el del trabajo o el del que las hijas e hijos de la clase obrera vayan a la universidad.
Insostenibilidad medioambiental:
Un claro ejemplo lo tenemos en un asunto que en el contexto actual no podemos olvidar como es el de la sequía que pone de manifiesto la insostenibilidad del actual modelo turismo con una situación de emergencia climática. El impacto del Turismo en cuanto al consumo de agua es evidente. Según los datos de la Mesa Social del Agua sobre el consumo por persona y día establece que el consume medio de un habitante local es de 137 l mientras que el consumo medio del turista es de 300 l.
Las medidas del ejecutivo andaluz, competente en las materias (agua y turismo), no dejan de ser mirar hacia otro lado, al igual que se hace a nivel general fomentando un modelo económico/productivo que lleva consigo un uso abusivo de un bien finito. Una ejemplificación de eso es cómo en un momento de crisis hídrica que no es nueva, que viene de lejos, se aprueba una ley de (des)ordenación urbanística, la LISTA, en la que entre otros se desregulariza la obligación del informe hídrico para las promociones inmobiliarias como las de los grandes complejos turísticos.
Precariedad laboral en un sector de bajo valor añadido y nula redistribución de los beneficios:
En un marco en el que la necesidad máxima es el desarrollo de un cambio del modelo productivo que salve la gran dependencia al sector servicios en general y el turismo en particular, no podemos dejar de señalar aquellas cuestiones directamente económicas y laborales de un sector clave para el PIB Andaluz y sobre todo para muchas casas andaluzas.
El actual modelo turístico, en el que el Gobierno Andaluz solo se basa en las cifras “record”, muestras sus costuras incluso en sus propios límites. En 2023 con un aumento del sector que se situó en torno al 10% sólo hubo de media un incremento del 2,5% del empleo que genera. Un empleo que sigue siendo -a pesar de haberse reducido la temporalidad en un 40% desde la entrada en vigor de la reforma laboral- precario tanto en términos de temporalidad, parcialidad como de bajos salarios, y con episodios nada esporádicos de auténtica explotación laboral como aquel del trabaja 12 horas, cobrando 8 y cotizando 4.
Gentrificación Turística:
La gentrificación, agravada por las consecuencias de la masificación turística, a partir de la cual la población se ve expulsada de, primero los centros históricos y luego directamente de sus ciudades. La conversión de los centros históricos en parques temáticos hacen directamente que sea incompatible con la vida: puede ser el divertido pasar una noche, pero ¡no se puede vivir en un centro comercial!. Además de los problemas sociales (déficit en acceso a derechos fundamentales como la vivienda) y económicos (muerte del comercio tradicional y de barrio) provoca una pérdida de identidad, costumbres, redes comunitarias convirtiendo nuestras ciudades en “no lugares” donde el entorno/escaparate es lo importante y la ciudadanía pasa a tener nulo protagonismo en la construcción de los barrios como espacios habitables.
Barrios sin vecindad
El derecho a la ciudad, a nuestros barrios, se pone en tela de juicio con los procesos de gentrificación que alejan directamente a la población residente principalmente de los centros históricos de las grandes ciudades debido ya no solo al aumento de los precios destinados a la vivienda, que también, sino a un proceso en el que se produce un desplazamiento de la población residente al verse que no se cubren las necesidades básicas de vida, que van desde el acceso a servicios y suministros vitales básicos, como a derechos fundamentales como el derecho al descanso o el disfrute de las vías y espacios públicos de su barrio.
Comercios sin alma:
Estos procesos desplazan los comercios tradicionales, aquellos que no solo aseguran el acceso a bienes necesarios a la población que mantiene su residencia, sino que son parte del patrimonio cultural y la memoria colectiva de las ciudades: de la heterogeneidad minorista a comercios sin rostro, de negocios familiares autónomos o microempresas a grupos empresariales que explotan, en sentido amplio, varios negocios.
Pueblos/Barrios de primera y de tercera:
Vivir en un pueblo o en una ciudad, en un barrio u otro, determina en gran medida las condiciones materiales de vida de la población. No debemos entrar en el romanticismo de donde se puede vivir mejor, sino donde se tiene acceso -más o menos directo, más o menos cercano, o incluso si existen o no- a las políticas y servicios públicos con las que se deberían garantizar esas condiciones materiales de vida en términos de igualdad en el conjunto de la población.
Vaciado de las zonas rurales:
El 54, % de los Municipios andaluces han perdido población desde el año 2000 y casi el 80% de los municipios menores de 2.000 habitantes disminuyen su población desde principios de siglo. No es nada casual, es un problema estructural que son intrínsecas al modelo centro-periferia del Sistema en el que los recursos de todo tipo-trabajo, capital o materias primas- y también población fluyen dese la periferia al centro.
Esta relación desigual entre el centro -en el caso andaluz las capitales de provincia/comarca y el litoral- y la periferia -las zonas rurales de interior- se ven agravadas por tres cuestiones fundamentales. Por un lado el déficit de los servicios públicos -el modelo Moreno Bonilla de desangrar lo público para engordar lo privado hace que lo que es deterioro en las ciudades se convierta en desaparición de servicios fundamentales en el medio rural-; la situación de las comunicaciones tanto viarias/ferroviarias como digitales; como la falta de empleo: vivimos donde trabajamos o donde tenemos más perspectivas de trabajar.
Especulación/concentración de la propiedad:
La acumulación de propiedades con fines especulativos, con los mismos actores, se circunscriben en las ciudades a los grandes tenedores de viviendas y en los municipios a los fondos buitres que acaparan tierras (y derechos derivados de las mismas) acelerando los procesos de uberización del campo donde residen gran parte de los problemas de la agricultura/ganadería tradicional y provoca enormes transformaciones sociales, económicas y paisajísticas en el medio rural andaluz así como las grandes eléctricas que con las mismas bases especulativas que el sector inmobiliario y sin ninguna regulación control, impulsan megaproyectos de renovables en las que tanto el cómo y el dónde no viene supeditado por cuestiones medioambientales sino únicamente por al rentabilidad económica.
Grandes tenedores de vivienda:
Se entiende por gran tenedor, así lo estipula la última ley de vivienda estatal, aquellos propietarios con al menos 10 viviendas (cinco si están en áreas tensionadas) o más de 1.500 metros cuadrados. En Andalucía, a pesar de estipularlo la mencionada ley de vivienda a la que Moreno Bonilla ya ha dejado claro que se va a mostrar insumiso, no hay un registro oficial sobre este asunto, pero el desde el Sindicato de Inquilinos calculan que son más de 20.000 caseros en Andalucía con estas condiciones, “sobre todo en Sevilla, Málaga y Granada”, que tendrían topado en un 3% el máximo que pueden subirle la renta a sus inquilinos pasada la prórroga vigente hasta 2024.
La uberificación del campo:
Un estudio de la COAG, “la uberización del campo español”, nos sirve de guía para conocer el proceso que desde Izquierda Unida venimos alertando desde hace años, en el que el aterrizaje de fondos buitres provoca la expulsión de la agricultura y ganadería tradicional, tanto de sus actores mayoritariamente representados por pequeñas y medianas explotaciones, en su mayoría familiares, auténtico pulmón económico y social en el medio rural y dique de contención contrala despoblación, como de sus usos, favoreciendo la proliferación de usos intensivos y súperintensivos en el sector agroalimentario que requieren un uso igualmente intensivo de recursos como puede ser el del agua.
La especulación pintada de verde:
La apuesta por las renovables no es una opción, es una obligación, no obstante, su desarrollo debe realizarse sobre las bases de la regulación y no desde la especulación que es la protagonista del proceso que se está produciendo en la proliferación de macroproyectos de renovables en el que las grandes multinacionales son las que marcan el ritmo de la implantación de las infraestructuras necesarias principalmente en cuanto al cómo, como en el dónde.
“Renovables sí, pero no así”, es un principio que hacemos nuestro que comparte además la esencia de toda la campaña en la que ni mucho menos nos oponemos al avance, la transformación. Sino que lo que queremos es que las mismas sean compatibles con la vida de todos y no determinada por el negocio de unos pocos.